Fábula poética sobre la paciencia que no se rinde
Fábula poética protagonizada por Max que enseña que la paciencia no es esperar sin hacer nada, sino seguir adelante con constancia incluso cuando no hay resultados visibles.
FÁBULAS
Tristán
1/26/20262 min read
El paso que no se detiene
Max era conocido en el bosque por su fuerza y su determinación. Cuando decidía hacer algo, ponía todo su empeño desde el primer momento. Sin embargo, aquella semana algo no avanzaba como esperaba. El huerto que había empezado a preparar seguía igual día tras día. La tierra estaba removida, las semillas plantadas… pero nada brotaba.
—Quizá no está funcionando —pensó una mañana, mirando el suelo en silencio.
A su alrededor, otros animales parecían avanzar más rápido. Algunos ya recogían frutos; otros celebraban pequeños logros. Max sintió una mezcla de cansancio y duda. Tenía ganas de parar, de dejarlo para más adelante.
Pero, en lugar de rendirse, decidió hacer lo único que sabía hacer bien: continuar. Cada mañana regaba la tierra. Cada tarde revisaba el huerto. No esperaba milagros ni cambios rápidos. Simplemente cumplía con su parte.
Un día, mientras trabajaba, Lila se detuvo a observarlo.
—¿No te cansas de hacer lo mismo sin ver resultados? —le preguntó con calma.
Max se quedó pensativo unos segundos.
—Sí, me canso —respondió—. Pero sé que, si paro, seguro que no pasará nada.
Así pasaron los días. El huerto seguía aparentemente igual, pero Max no dejó de acudir. No se quedó quieto esperando. Siguió haciendo lo que tocaba, incluso cuando no había señales de avance.
Una mañana, al agacharse para regar, vio algo distinto. Entre la tierra húmeda asomaba un brote pequeño, casi invisible. Max sonrió. No gritó ni saltó. Simplemente sonrió y siguió regando.
Entonces lo entendió. La paciencia no era esperar sin hacer nada. Era mantenerse firme, continuar, confiar en el proceso sin abandonar el esfuerzo. Cada día que había seguido, incluso con dudas, había contado.
Al caer la tarde, Max miró su huerto con serenidad. No por lo que había crecido, sino por lo que él había aprendido: avanzar también es seguir, incluso cuando parece que nada se mueve.
Moraleja
Tener paciencia no es quedarse quieto; es seguir haciendo lo que toca sin rendirte.
Preguntas para reflexionar
¿Por qué Max pensó en rendirse al principio?
¿Qué decidió hacer en lugar de parar?
¿Qué aprendió al ver el pequeño brote?
¿Por qué seguir haciendo lo mismo también es avanzar?
¿En qué situación podrías practicar más paciencia tú?
TrIstÁn


